Qué dimensiones tiene tu mundo,
sentado en ese departamento aséptico de cuatro paredes blancas.
Qué dimensiones tiene cuando caminas
por el medio de ese sendero borroso en la inmensidad del campo.
Mundo de felpa, oso bolsa de dormir, de donde cuesta salir, que te abraza, que te atrapa, que te bofa, aprieta, asfixia / Mundo aire, viento, verde pasto, tierra húmeda, pájaro, bicho canasta, mosquito.
El sonido del silencio abúlico, el ruido mefistofélico del martillo en la pared, de la máquina que choca la calle, de los relojes que atemorizan las mentes / el sonido ambiente de los trinos diversos, de las hojas bamboleantes por la brisa, de las aguas que se mecen al compás de la naturaleza del tiempo extenso y ancho como el horizonte.
La concepción de lo útil, de lo funcional, frío y riguroso, de la eficiencia comprimida en la liviandad del confort / la concepción de lo vivo, lo abierto y abundante, de los elementos plenos del sentido de la libertad, de la dinámica intensa del movimiento.
Qué dimensión tiene tu mundo, cuando prensa la sangre el tambor de las venas, cuando el veneno corroe el tiempo de los segundos que evaporan el sudor de la gota que cae por última vez, qué dimensión tiene cuando disfrutas de ese vino rojo que moja los labios mientras arde las suaves tensiones de las cuerdas vocales.
Qué dimensiones tiene cuando respiras ese aire puro que viene de la corriente y que susurran los peces del río.
Qué dimensiones tiene cuando dejas de pensarlo para caer en el absoluto mundo de la acción.
Estás corriendo ya y quién podría detenerte.
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