Estoy
seguro, te gustaría nuestra nueva casa. Su aliento fresco por la mañana, su
aroma reconfortante de galletitas con mermelada de durazno, su inquietud de
libros a medio leer, su acolchonado aposento donde sueño todas las noches con
el día de tu arribo. Estoy seguro, te gustaría el modo en que dispuse los
muebles, la forma en que acomodé nuestras cosas, la mesita de luz, el sillón,
la mesa y los cuadros, en una perfecta simetría minimalista, como a vos te
gusta. Sé que te molestarían un poco las escaleras, pero sólo es un piso nada
más. Las llaves en tanto no te incomodarían, son unas cuantas, pero sabrás
acomodarte. Después de todo, ambos compartiríamos eso de olvidarlas en cualquier
lugar. Espero no te enojes con el desorden de mi ropa, sé que
podríamos acomodarnos y ponernos de acuerdo. Por las dudas, ya te dejé una
parte del placar, sé que te gustaría tener tu propio espacio (en todo sentido).
Vos querrías el lado izquierdo de la cama igual que yo, pero no tendré problema
en dártelo. Sin pensarlo, te prepararía el desayuno todas las mañanas, y te lo
llevaría a la cama en los días de invierno. Dirías que sólo lo haré por un
tiempo con el fin de impresionarte, pero no, te prometo que lo haré siempre. Te
encantaría que te caliente los pies con los míos, y te lea poemas de Girondo
para dormir. Lo único que te pediría es no cocinar, no es algo que me guste
demasiado hacer, pero te ofrecería lavar los platos siempre. La limpieza de la
casa, la compartiríamos, es lindo hacer cosas juntos. Te va a parecer
extraño, pero me gustaría también que hagas cosas solas, no necesito que
estemos pegados todo el tiempo. En fin, hay tantas cosas que querría hacer,
tantas cosas que querría vivir con vos, que muero por que ya estés aquí. Porque si
estuvieses aquí, este texto no tendría ningún sentido.
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