Planos imaginarios

Te miro y me miro.
Somos puntos que se mueven azarosamente trazando líneas multiformes que van entretejiendo la trama de lo que sucintamente llamamos mundo, vida humana, universo terrestre.
Pienso en que fui yo quien cambió de plano y dibujó la línea que me lleva hacia ti, y que provoca proyecciones que nos unen en distintas direcciones, hacia aquí, hacia allá adonde logre llegar la imaginación.
Las líneas que ya se dibujaron no se pueden borrar. Si acaso quisiera arrepentirme y volver hacia atrás, podría hacerlo, podría volver al principio, pero la línea seguiría allí.
Estás tan lejos de mí.
La línea que nos conectó es una vía extensa, ancha y espesa. Nos unen las proyecciones, los potenciales recorridos de la línea hacia otros planos, los probables desvíos de la línea troncal en otras líneas, que formarán los nuevos nudos imaginarios que con palabras, mensajes y gestos urdimos.
Tengo miedo de que todo desaparezca.
Sé que la línea está allí. Pero de la misma manera sé que trazaré otras líneas que se irán superponiendo hasta hacer imposible la visibilidad de nuestra línea. El tiempo es como una máquina tejedora que une planos sobre planos, que se apilan de manera imprecisa y desvaída, como una torre movediza sobre la que estamos parados, mirándonos, soñándonos, tratando de hacer equilibrio.
Me pregunto cosas.
¿Se cumplirán las proyecciones, se tejerán acaso nuevas líneas? ¿Será la nuestra la urdimbre que perdure más que el sueño?
Pasan segundos, las ideas oscurecen.

Realizo el acto inconciente de seguir configurando planos imaginarios, mientras apoyo la cabeza en la almohada. 

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